Salteños y jujeños

Unidos por un invento que puede ayudar a los que salvan vidas

Lograron ponerle energía a un resucitador manual “ambu”.

Un grupo de salteños y jujeños creó el primer resucitador de tipo manual que se puede alimentar con electricidad. El sistema podría ser de gran apoyo en el traslado de pacientes en emergencia, y cobra un especial sentido en el marco de la pandemia de coronavirus que compromete los recursos de todo el sistema sanitario.

Se trata de un «sistema de accionamiento automático programable controlado para resucitadores tipo ambu». Es un resucitador también conocido como «ambu o bolsa autoinflable», un dispositivo manual para proporcionar ventilación para pacientes que no respiran o que no lo hacen de forma adecuada.

Forma parte de cualquier equipo de emergencias, tanto fuera como dentro del hospital.

El primer resucitador manual fue creado por la marca Ambu en 1956. De ahí que es común que se denomine «ambu» a los resucitadores manuales.

Los que hizo este grupo de norteños, integrado por científicos, técnicos, estudiantes, médicos y trabajadores industriales, es posibilitar que el mecanismo se alimente con una fuente de electricidad.

«El accionamiento se hace con energía eléctrica, provista de cualquier fuente de alimentación que esté en los rangos de 12 a 24 voltios, fuentes de Notebook, PC portátiles, cargadores de baterías, encendedores de cigarrillos del auto o baterías, sin importar la polaridad. Es decir que, en síntesis, funciona con 220 voltios o baterías», explicó Armando Galloni, quien está al frente del grupo. Los integrantes se unieron con un objetivo común y bajo el lema «La ciencia y tecnología a favor de la salud».

Supervisión médica

Armando Galloni aclaró que el sistema no reemplaza ni sustituye a ningún respirador o ventilador, simplemente ayuda al terapeuta de emergencia a tratar de realizar la maniobra de resucitación de un paciente en emergencias.

Sin embargo, dijo que «este dispositivo, accionador de ambu, es un sistema automático programable, que eventualmente podría llegar a utilizarse en circunstancias de ausencia total de equipos respiradores en ambulancias o lugares de emergencias, donde se suele utilizar el resucitador ambu en forma manual».

El resucitador se usa de forma manual y solo en circunstancias extraordinarias, con la supervisión de un médico y bajo responsabilidad de un profesional de la salud, podría accionarse con el dispositivo que crearon los norteños, para trabajar tiempos más prolongados según la necesidad y circunstancia

Para utilizar este sistema de accionamiento siempre será necesaria la capacitación previa sobre sus características y funcionamiento.

El entrenamiento técnico puede ser corto y sencillo.

Aclararon que se seguirá recabando información para evaluar la mejora continua del mecanismo.

«En síntesis, este accionamiento se trata de un movimiento alternativo programado, con microcontrolador, mediante una interfaz digital con el usuario y un display que nos indica la programación y el funcionamiento en frecuencia, control de volumen de desplazamiento, pausa inspiratoria y flujo. Desde la concepción, el objetivo fue simplificar, entre otras cosas, la logística de la conexión del dispositivo, a fin de que con mínimos conocimientos y en circunstancias extremas no sea una complicación», explicó Galloni.

Detallaron que un respirador o ventilador profesional tiene sus respectivas fuentes de aire comprimido, reservorios, planta de oxígeno, equipo de medición, control y otros detalles que son superiores en funciones a un resucitador. Este último, se usa solamente para traslados y/o emergencias.

«El espíritu con el cual fue diseñado este resucitador fue el de asistir dinamizando en la atención médica, previo a la conexión del paciente al respirador. Se pensó en que, si no hay respirador, este dispositivo con el ambu podría ser de gran ayuda para salvar vidas», dijo.

La historia, en primera persona
Galloni valoró que, en la pandemia, haya quienes se unen para ayudar.

“Hace un mes, Santiago Maestro, vinculado a un grupo de colaboradores en esta emergencia del COVID-19, me solicitó ayuda en la construcción de este sistema de accionamiento, el cual fue posible gracias a la amplísima colaboración, tecnológica, médica y científica, de un ejército de profesionales comprometido con la vida”, aseguró Armando Galloni.

Esperanzado con el resultado del trabajo en equipo por un ideal común en el marco de una situación crítica, tiene memorizado un enorme listado de personas que pusieron lo suyo para lograr el objetivo.

“Algunos y algunas imprescindibles fueron mi esposa Mariela Rodríguez Zoni, el ingeniero Carlos Zunino (Dysel), los doctores Edmundo Falú, Jorge Bafatraci, Manuel Quintar, Oscar Maigua, “Toto” Correa, Alejandra López; los contadores Marcelo Abraham, Natalia Adamo; los bioingenieros y técnicos de equipos de las vías respiratorias Gustavo Sosa, Matías Jáuregui, Oscar Maikych, Lucas Vargas, Alejo Perez, Nelson Candia, Lolo Funes; los estudiantes del Ufidet y otras instituciones, algunos de ellos premiados en el Balseiro, Camila Vargas, Marcos y Agustín Hoyos”, enumeró.

También mencionó a Facundo Martínez, Nacho Arredes, Puentes Salín, Héctor, Enzo Jesús Juárez Velásquez, Simón Jovi (Metalnor), Lalo Atenor e hijos, Guillermo Acevedo, Matías Reston, Guillermo y Fede Ramonot, Carlos Vélez, Belloni, empleados de TeMeT, Sergio Guillermo López “y mucha otra gente amiga y conocida “.

“Me hubiese gustado trabajar más con los grupos dedicados a los proyectos de resucitadores. Varios de ellos están detrás de lo mismo y con excelentes ideas de aplicaciones mecánicas similares a los inventos de antaño, como Miguel Ángel, Charles Babbage, Cristopher Scheiner”, dijo.

Valoró que en Salta hay personas y grupos con ideas y proyectos “espectaculares, tal vez atravesadas por algunas limitaciones económicas, pero que han sabido reciclar este factor negativo permitiendo que nazca en ello mayor creatividad. Me sorprendió la lealtad y humildad con la que trabajan pensando en las vidas de los otros”.

Fuente: ElTribuno