Salta

Una fábrica de pastas y una historia de vida ejemplar

La empresa de Naira Varela nació con un paquete de harina y un atado de espinaca fiados por el almacenero. Este año ganó un premio de microemprendedores a nivel nacional.

La albahaca recién plantada en el cantero inunda con su aroma el ingreso del local de Naira Varela. Adentro se preparan todas las mañanas pastas rellenas, naturales, sin conservantes y “con una pinta bárbara”, como dirían las abuelas. Naira, que creó El Árbol hace casi siete años en su departamento, ganó este año el premio nacional para microemprendedores Propulsar. Ahora sueña con tener su fábrica en el Parque Industrial.

A ella siempre le gustó cocinar. Cuando era más joven -sigue siéndolo, tiene 30 años- cocinaba para vender en ferias una vez por semana. Así se ayudaba en sus estudios, mientras hacía la carrera de Antropología en la Universidad Nacional de Salta, que debió interrumpir ante el embarazo de su primer hijo.

En enero de 2011 Naira y su marido, Martín, tenían un bebé de dos meses y un resto de dinero con el que compraron moldes de ravioles y de sorrentinos.

En el almacén de la vuelta pidieron fiados un paquete de harina y un atado de espinaca, con el que elaboraron las primeras bandejas de pastas, que compraron sus familiares.

Como habían resultado deliciosas, pusieron un cartel en la calle con luces de colores que llamó la atención de los vecinos. Poco a poco los pedidos aumentaron, tanto de particulares como de restaurantes, incluso de Jujuy.

Motivados por este crecimiento, compraron algunas máquinas -antes usaban la Pastalinda de su suegra- y empezaron a producir mucho más, hasta que un accidente frenó el trabajo: Naira, embarazada por segunda vez, se amputó la falange de un dedo mientras trabajaba.

En 2013, cuando nació su niña, decidió recomenzar con mucha más fuerza, aunque con un cambio de rumbo. Adaptaron el garaje familiar, mucho más amplio, y abrieron la fábrica a la calle, con venta al público, más enfocada en el cliente minorista. Así crecieron mucho más.

Toda la familia trabaja en El Árbol. Naira y su mamá cocinan y una sobrina las ayuda una vez por semana. El hermano y un amigo colaboran con los diseños y Martín se encarga de las ventas y de la entrega de pedidos.

“Estamos todos metidos para que crezca El Árbol. Vamos a poner más pilas a esto para que siga conteniendo a la familia. Para mí ese es el principal objetivo. Además, que yo pueda crecer y tomar más gente que trabaje acá”, dijo.

En 2014 Naira entró a la asociación Pro Mujer, donde solicitó su primer crédito, de mil pesos. Desde entonces asiste a reuniones cada dos semanas, en las que, además de compartir con sus compañeras -también emprendedoras-, recibe capacitaciones y asistencia sanitaria.

En Pro Mujer se enteró de la convocatoria de Propulsar. Completó el formulario por internet y se olvidó de esto por completo. A mediados de agosto último la llamaron para contarle que había ganado el primer premio de microemprendedores, que consiste en 100 mil pesos: el 50% para ser invertido en el negocio y el otro 50%, como premio al emprendedor. Lo primero que compraron fue una moto para hacer el reparto, ya que después de que se fundiera el auto de su abuelo, se quedaron a pie.

“La idea es mejorar el “packaging’, terminar de arreglar una parte de la producción, mejorar las máquinas y comprar moldes para la máquina industrial, para ampliar la cartera de productos”, contó Naira, quien recibió el premio el 12 de septiembre en Buenos Aires, adonde viajó con toda su familia. Luego tuvo una capacitación de una semana con un consultor de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre educación financiera.

Pastas caseras

El Árbol hace ravioles, sorrentinos y agnolotis con rellenos diversos y apetitosos: espinaca y ricota; ricota, jamón y nuez; espinaca con seso; espinaca con pollo; calabaza, muzzarella y nuez y caprese. Las cajas, que alcanzan para tres porciones, valen: $80, ravioles; $90, sorrentinos y $100, agnolotis.

El local está en Las Tipas esquina Los Inciensos del barrio Tres Cerritos, en Salta capital. Abre al público de 10.30 a 14, aunque por la tarde también pueden abrir. También se reciben encargos por teléfono: (0387) 4391691 ó 154591136. En Facebook, la página es “El Árbol Pastas Ricas”.

Naira contó que los sorrentinos y agnolotis son totalmente artesanales y que son “como bomboncitos de pasta”, ya que los ingredientes se ponen en capas. En cambio, el relleno de los ravioles es artesanal, mientras el armado de la pasta se hace con una máquina. “Nuestra idea es ofrecer lo más natural y lo más sano posible, sin conservantes. Si digo que tiene espinaca y ricota, tiene solo espinaca y ricota”, dijo, a diferencia de las pastas industriales, que suelen rellenarse con pan rallado para equilibrar la humedad de la espinaca.

“La idea es ofrecer un producto que pueda comerlo desde un bebé de seis meses hasta una persona mayor”, contó. Como tiene muchos clientes intolerantes a la lactosa y a la proteína del huevo, quiere lanzar un producto para quienes hacen dieta vegana.

Naira también pensó en los celíacos, que “tienen dificultad para conseguir comida rica, buena y al precio justo”. Experimentó con la harina sin gluten y le dio muy buen resultado pero, para abrirlo a la venta, tiene que buscar otro lugar y otra maquinaria. “La idea es que sea inclusivo, que toda la familia pueda consumir la pasta, que tenga un precio justo, que sea sabrosa, agradable en textura, sabor y rica en nutrientes también”.

A las mujeres que quieren emprender les dijo: “Háganlo. Se van a presentar millones de dificultades pero cuando uno quiere algo tiene que poner todo el esfuerzo posible y confiar en que va a salir bien. Las mujeres somos superfuertes. Yo soy mamá, esposa y emprendedora. Se puede”.

Fuente El Tribuno

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