COVID extremo

Tremenda situación: Se llevaron el cuerpo del padre

Lo tomaron del hospital de Tartagal porque les dijeron que lo iban a quemar”.

Esta pandemia le plantea al mundo otra mirada sobre la vida: la nueva normalidad, le dicen; plantea que cuanto más se vive, más se pierde; que, cual ruleta rusa, el virus deja vivir a gente de 90 años y se lleva a jóvenes deportistas aunque muchos viejos y diabéticos y gordos estén en los grupos de alto riesgo. Una nueva mirada sobre la vida con barbijo, distancia y alcohol ya casi está asumida, pero aún nadie acepta una nueva mirada sobre la muerte de quienes ama. Quedó demostrado ayer en Tartagal con un acto que algunos considerarán salvaje, y otros, más compasivos, un acto de amor legítimo. Lo cierto es que una familia numerosa del barrio Tomás Ryan, tras enterarse de la muerte de su padre en el hospital Juan Domingo Perón, solicitaron el cuerpo para velarlo y ante la negativa del personal sanitario, prendieron gomas en protesta afuera del hospital y más tarde tomaron la increíble decisión de sacar el cadáver que yacía sobre una camilla adentro de una bolsa negra, lo cargaron en la caja de una camioneta y se lo llevaron a la casa familiar. Desesperación, impotencia bordeando la locura como si no hubiera mañana. De hecho, para don Ramón Inocencio Juárez, el hombre de 69 años que murió de un infarto ayer en el hospital de Tartagal, este lunes no fue un mañana.

Según contaron sus deudos, el certificado de defunción decía que murió por COVID-19 y eso los enfureció porque aseguran que don Juárez padecía problemas cardíacos que finalmente lo llevaron a la muerte y que ni él ni nadie de la familia tiene coronavirus. Se intentó comunicarse con el gerente del Juan Domingo Perón, Juan López, para conocer la versión del hospital sobre este escandaloso suceso, pero no hubo respuesta. La insólita situación fue registrada en un video que no tardó en viralizarse.

Un movilero del medio digital La Cruda NN de Tartagal estuvo con la familia Juárez del barrio Tomás Ryan en momentos en que arribaron al domicilio con el cuerpo de don Ramón y filmó el video que acompaña esta nota. Una de las hijas del fallecido, visiblemente conmocionada, contó que estaban bañando el cuerpo de su padre como último acto de dignidad y de amor: «Solo cinco minutos queremos velar a mi padre. No entiendo desde cuándo es un crimen llorar a nuestros muertos», dijo entre sollozos.

Otra de las hijas del occiso, expresó llorando: «Tuvimos que entrar como delincuentes a sacar el cuerpo de mi papá porque nos amenazaron con que lo iban a quemar. Lo tuvimos que subir a la camioneta en la camilla del hospital, porque antes le rogué al médico como hija que me deje despedirme y no quiso». La mujer explicó: «Ante la negativa de dejarnos ver el cuerpo de mi papá, prendimos una goma afuera del hospital y ahí nos dijeron que lo iban a quemar».

Agregó: «La asistente social nos vino a explicar que no nos daban el cuerpo porque mi papá tenía COVID, y eso no es verdad porque él tenía una arritmia, el jueves lo internaron, al otro día le dieron el alta. Mi papá estaba con nosotros el sábado acá en la casa, tomó su leche, comió pan dulce, y después de las 8 de la noche se puso muy mal, le agarró un preinfarto y para no verlo sufrir llamé al hospital porque pensé que lo iban a salvar. Lo llevaron a internar, le pusieron oxígeno y después murió. Salieron a decirnos que era COVID y nada que ver, mi papá murió por un infarto porque hace años que tiene problemas del corazón. Pero para el hospital todo es COVID. Si mi papá hubiese tenido eso, al menos uno de esta familia tendría, pero nadie tiene coronavirus. Decir que todos mueren por coronavirus es un fraude, alguien gana plata con cada muerto que certifican con COVID, pero eso no van a hacer con mi papá porque es una mentira».

Denunciaron que el hospital no les entregó el certificado de defunción y por eso no podían «velarlo como se debe, como él se lo merece después de trabajar toda la vida y pagar a Pieve para cuando llegara este momento», dijo la hija.

Presa del dolor, acotó: «Lo hemos traído en una bolsa y no podemos tener el cajón porque no nos dan el certificado de defunción. El no ha muerto de COVID, su mamá de 90 años está esperando despedirse. Ella estuvo siempre con él y no está enferma. Murió a los 69 años mi papá y no tiene un cajón como merece cualquier persona».

Fuente: ElTribuno