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¿Sabías todo lo que se pierde del cerebro por dejar de escribir a mano?

Al usar papel y lápiz para cualquier tarea se activan el área motora, el área visual y el área cognitiva, además de otros beneficios.

La escritura a mano, una práctica antes común que ahora hemos dejado en un segundo plano para reemplazarlos por los teclados, las pantallas y la correspondencia virtual, es una actividad que nos aporta infinidad de beneficios para nuestro cuerpo y mente.

Escribir a mano activa tres regiones del cerebro: el área motora, el área visual y el área cognitiva. Explica la doctora Marta Ochoa, jefe de servicio de Neurología de HM Hospitales de Madrid, España, que al hacerlo se activan muchas redes neuronales, y por consiguiente, mejora nuestra capacidad cognitiva. Destaca la importancia que tiene esta actividad en los niños, ya que para ellos conforma un «aprendizaje fundamental para el desarrollo a nivel práctico del manejo de la motricidad fina, la coordinación mano-ojo, el desarrollo de la pinza y el control motor».

En el caso de las personas adultas, esta actividad fomenta «la memoria prospectiva y de trabajo, así como estimula más el cerebro al activarse otras áreas, como es el olfato ante el papel o el propio tacto de éste».
La psicóloga del Instituto Centta, de Madrid, Silvia Cintrano, por su parte, señaló que, a nivel psicológico, escribir a mano «es un gran canalizador emocional, facilitando la expresión sin ningún tipo de límite, juicio o restricción», así como destaca que nos puede ayudar a desarrollar «la creatividad y la organización de las ideas».

Incluso, la profesional comenta que gracias a la escritura a mano, se «aclaran los sentimientos y las dudas»; incluso, uno se va animando a conocerse mejor y a tomar decisiones desde un lugar más amable y consciente.

Por otra parte, la activación de la memoria es uno de los beneficios más importantes de escribir a mano. Explicó la doctora Ochoa que esta actividad estimula la memoria semántica, «el almacén en el que guardamos todo el conocimiento del mundo». Esto es porque, al plasmarla, no solo se piensa en la palabra en sí, sino también en todo el conocimiento de cómo escribirla, dónde está acentuada y cómo se desplaza la mano para escribirla.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fuente: ABC Bienestar.