Espectáculos

Reyes Peregrinos en las alturas

Tras el paso de las fiestas, los recuerdos siguen titilando en un rincón del mapa. De Olacapato para el mundo

Una parte importante del mes es la añorada visita de los Reyes Magos. Niñas y niños impacientes dejan sus zapatos, una porción de pasto y algunos recipientes con agua junto al relumbrante árbol de Navidad esperando la llegada de los misteriosos camellos sedientos junto a sus reyes, haciendo de una creencia un fiel ritual que conmemora uno de los hechos que marcó la historia, crease o no, el nacimiento del niño Jesús. Son los Reyes Magos, vienen a paso lento y tocan la puerta para ser recibidos.

No entienden de latitudes, ni aun cuando se trata de 4060 m.s.n.m, y es que Olacapato, en Los Andes, fue el destino elegido para esta inolvidable visita que revolucionó al pueblo, entre lágrimas de felicidad, regalos a doquier y el abrazo de la esperanza que ahora se volvía un sueño vuelto real. Junto a un cielo que acompañó a estos peregrinos la ilusión de un niño fue la causa perfecta para caminar a lo largo de un sendero áspero pero reconfortante en su experiencia.

Desde las 7 de la mañana se dio inicio a este viaje vestido de misión peregrina que llevaría peloteros, batucadas, payasos, chocolates y ropa consigo, para pasar por Olacapato, Tolar Grande y hasta el Salar de Pocitos.

“Olacapato no es un pueblito elegido al azar. Todo surge desde la peregrinación, la amistad que surge con las personas que allí viven y brindan todo lo que tienen, es algo recíproco, llevarles un día de alegría a niños y grandes”, introduce Pedro Aquino, un peregrino empedernido y dedicado.

“La visita de los Reyes Peregrinos a Olacapato se debió a la necesidad de la gente reflejada cuando pasamos «peregrinando» por el Señor y la Virgen del Milagro antes. Es un pueblo muy sufrido y merece nuestra mayor atención”, advierte sobre este destino enclavado en lo alto haciendo de una capilla, un caserío de adobe y una escuela su forma de ser y estar.

“Este viaje consistió en poder ayudar con diferentes cosas a los niños y adultos de estos pueblos tan alejados de nuestra forma típica de vida y compartir con gente tan amable y buena como son los peregrinos y gente de estos lados”, nos cuenta un caminante primerizo en estas cruzadas pero con los ánimos a punto como los que pone en acción cuando se vuelve protagonista de la batucada, de la cual forma parte.

Mientras tanto un sabio niño, de tan sólo 7 años, Bautista, agrega con una madurez oculta tras su voz aniñada y pura, “este viaje consistió en hacer felices a nuestro amiguitos de la Puna y llenarlos de alegría”.

Niños, jóvenes y adultos pudieron ser parte de una travesía guiada por el Sol y las estrellas, con un cielo que reposa en la mirada de tantos peregrinos, quienes esta vez renovaron el compromiso y voluntad con su fe, haciendo llegar desde tierras lejanas un mimo al corazón de otros tantos que esperan detrás de sus puertas al tiempo que despertaban muecas de irresistible alegría hasta que las mejillas no podían más, cuando a lo lejos se avizoraban capas de colores brillantes entrando paso a paso en el pueblo.

“Este viaje fue realizado por el grupo de peregrinos de la Puna. En mi caso, soy hijo de un matrimonio que forma parte de este maravilloso y hermoso equipo conformado por personas de diferentes edades. En esta oportunidad los peregrinos tuvieron la enorme amabilidad de invitar a el grupo de batucada del cual formo parte llamada »Los dueños del ritmo», explicaba un peregrino recién iniciado que le puso la vibra positiva del ritmo a un andar de largos y eternos pasos por los caminos del norte.

“Empezó en Olacapato, apenas entró el colectivo al pueblo se veían niños y grandes corriendo hacia la Iglesia, nos ofrecieron un rico estofado y una sopa calentita riquísima con ese sabor a leña. Cada cucharada me recordaba el tiempo que les lleva cocinar y luego le pregunté a Doña Marcela, quien me dijo que empezaron a las 6:00, mientras que nos esperaban ansiosos por que no sólo los niños disfrutan esto sino, los padres también, al ver a sus hijos reflejar al cielo una sonrisa de agradecimiento de ver un juguete, payasos, los Reyes, Batucada, Fiona”, describe con lujos de detalle Agustina, una joven “peregrina” que ya ha marcado sus pasos dos veces por estos lares y desde Tolar Grande, acercándonos entre palabras la euforia de aquel momento solo digno de su experiencia.

“El momento que me emocionó fue cuando blanquita y Bauti le entregaron a unos nenes bolsitas con juguetes con golosinas, esa imagen me emocionó… la bondad y la felicidad en su corazón al entregarle lo que ellos mismos pueden tener, a otros niños”, señala.

Creer es lo que mantiene vivo a cualquier persona sobre la faz de la tierra, sea que le llamemos Dios, Vida, Amor o vaya saber cuántos nombres bauticen una fe que hacer perdurar la magia en una tierra en la que la razón parece ser la única condición.

“Hace 2000 años vinieron los Reyes Magos a Belén para adorar al Niñito Jesús y le ofrecieron regalos. Hoy los Reyes siguen viniendo a ver a los niños que viven en la Puna y le ofrecen «regalos» para mantener viva la experiencia de Belén”, subrayan algunas voces caminantes. Mientras que Gustavo, un peregrino que desde el año pasado se sumó al movimiento desde Tolar Grande, hoy remarca con énfasis, “es necesario inmortalizar a los Reyes para que no se pierda la inocencia de los niños”, un aditivo importante porque es en esa dosis de ingenuidad donde sobrevive la luz del niño interior del que tanto se dice habita dentro.

Entre un dar y recibir, la vista se empapaba de amor y alegría con dientes a la vista, haciendo de una causa solidaria un bien necesario de aquí en más, en busca de nuevas anécdotas y colección de deseos que se lanzaban al viento.

Es hora de volver, la vuelta a casa no es motivo de tristeza sino que se torna el motivo para pactar un nuevo encuentro el año entrante, o quizás antes, porque si de magia se trata, la misma está más allá de nuestras manos. Pero, sin embargo, de modo acelerado la cabeza repite una y otra vez aquellos retratos que quedarán grabados como una canción favorita, por la satisfacción del deber realizado ahora reflejado en un niño que esta noche dormirá por horas cansado de ser feliz.

“Las primeras imágenes que se me vienen a la cabeza son la felicidad de todos esos niños que no tienen todo lo que nosotros podemos tener pero igual lo son, la forma tan amable que tienen, todo el cariño que te brindan con tan solo hablar un minuto con ellos, todas sus anécdotas y todo lo que espero pronto volver a ver y compartir aquí”.

Muchas horas entre montañas pintadas por el granizo, dan ganas de redoblar la apuesta. “¡El Señor se vistió de blanco para decirnos adiós en lo más alto de la Puna!”, exclama un peregrino ya erudito de estos lares. “Las próximas metas que tenemos con los chicos de la batucada es llevar muchísimas más cosas para los próximos años y poder aportar todo lo posible con este hermoso grupo que se formó, regalando alegrías a estas personas maravillosas en miras a que cada año sea mucho mejor”, profundiza.

De seguro lo será, y si uno siembra un grano de arena, otros vendrán detrás. Claudia, es un ejemplo, esposa de un peregrino devoto. “No tuve el placer de vivirlo todavía, pero en estás vivencias compartidas mediante fotos creo que no hay nada que lo supere; regalemos un juguete a un niño y ellos nos regalaran una sonrisa que nos llenara el alma”, sentencia.

La palabra final la tiene Pedro con el pensamiento todavía volando alto, “la generosidad es una fuerza irresistible capaz de cambiar al hombre y la humanidad «.

Fuente: El Intra