Salta

Por el prohibicionismo al cannabis, muchas familias salteñas cultivan su propia medicina

"Nosotros seguimos siendo ilegales, clandestinos", dice una madre salteña que participa de las redes de cultivadores. "Nos juntamos a elaborar el aceite pero no tenemos el poder adquisitivo para presentar un recurso de amparo que nos permita hacerlo de manera legal", agrega, en referencia al fallo que resolvió el Juez Federal de Salta Julio Bavio, en el que se hizo lugar por primera vez en el país a una medida cautelar solicitada por una mamá salteña que necesitaba cultivar cannabis para tratar a su hijo.

A pesar de los avances que habilitó la ley, el uso de la planta para tratar enfermedades sigue siendo problemático y no se avanzó en el programa de investigación.

A más de un año de la promulgación de la ley que permitió el uso medicinal del cannabis en Argentina, la mayoría de los pacientes que podrían beneficiarse con sus propiedades siguen sin acceder a sus derivados y la ley tampoco prevé la posibilidad de cultivar la planta para elaborarlos. La salida, para muchos de ellos, es hacerlo en la clandestinidad, consiguiendo las semillas a través de contactos que ayudan a abastecerlos, transmitiéndose lo aprendido en foros y grupos de acompañamiento, elaborando el aceite de manera artesanal para paliar el malestar de los seres queridos.

La escena, entre esperanzada y desesperada, es la que habitan cientos de salteños, los que de a poco se van sumando a las redes de autocultivo guiados por la experiencia de Mamá Cultiva Argentina, una organización que promueve esta actividad para mejorar el estado de niños con epilepsia refractaria, esclerosis múltiple, parkinson, o artritis, entre otras muchas enfermedades. Es un paliativo, dicen ellas, no una cura, pero marca la diferencia entre tener a sus hijos con la mirada perdida, desconectados del mundo, a verlos conversar, sonreir, recuperar posibilidades de interacción con otros o incluso volver a la escuela.

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