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Mohamed Salah, el Messi de Cúper

El delantero es la gran figura del Liverpool que se asoma a la final de la máxima competición continental. Egipto, dirigido por el argentino, lo tendrá en el Mundial.

Festeja y mira al cielo. Ofrece reverencias al más allá. Sonríe sin exageraciones, casi con la naturalidad del deber cumplido. Un estadio entero lo mira asombrado, los hinchas -que también usan mayoritariamente su camiseta roja con el número once- se rompen las manos para aplaudirlo. El agradece, de nuevo. Es una celebridad para cada uno de esos fanáticos del Liverpool que le prometieron que, desde su llegada, nunca caminará solo. Para todos ellos -sin dudas- Mohamed Salah es Lionel Messi. Nació en otro lado, en Gharbia Governorate, al norte de Egipto, cerca del Mar Mediterráneo. Se crió de distinto modo. Arribó a la élite por diversos caminos, desde la periferia del fútbol. Pero para los feligreses de Anfield Road Salah es el crack rosarino con rulos, barba y el escudo de The Reds al lado del corazón.

La escena se repitió en esta ocasión, justo en una gran cita: la ida de las semifinales de la Champions League, frente a la Roma, el mismo rival de la final de 1984 de gratos recuerdos. Y por duplicado. Salah fue mago y crack otra vez. Hizo dos golazos. El primero, con un zurdazo impecable -arrancando desde la derecha- al ángulo. El segundo, con una definición exquisita, ante la salida del arquero. El dimensión del oponente jerarquiza ambas maniobras: Alisson ataja como titular para el seleccionado brasileño, gran candidato para el Mundial que ya se asoma en Rusia.

Se sabe: Salah, que está atravesando su mejor temporada, se transformó en esta Premier League en un goleador serial. Un ejemplo, que también retrata su 2018: con 31 tantos lidera la tabla de su rubro, con seis tantos más que Harry Kane, el que más marcó en el 2017 (incluso más que Messi, ganador del Botín de Oro de la temporada 16/17, y que Cristiano Ronaldo). Y con los dos tantos que le convirtió a la Roma ya suma 43 goles en 47 partidos entre todas las competiciones en esta campaña.

Pero no sólo se mostró como un goleador implacable. También, desde su posición de wing derecho con tendencia tanto al desborde como a la diagonal, se ofreció como asistidor. Dos veces. Desequilibró y facilitó el tercer tanto, obra de Sadio Mané. Ganó en velocidad y dejó solo a Roberto Firmino para el cuarto. En el quinto, cabezazo del brasileño, Mo Salah descansó.

Un rato después, cuando aún quedaban 16 minutos, el técnico Jürgen Klopp lo reemplazó. Entró Danny Ings. De pie, los hinchas del Liverpool le rendían pleitesía. De pie, los visitantes romanos lo aplaudían con un desdén que contaba dos cosas: su dolor por la goleada y su respeto por la actuación de este egipcio imparable. Sentado, Francesco Totti -emblema perpetuo de la Roma- miraba el festival con un lamento tardío: Salah jugaba para la Roma hasta la mitad del año pasado.

Casualidad o no tanto, en ese último cuarto de hora, sin su figura, el Liverpool padeció. La pasó mal. Y la Roma rota y deshecha se reconstruyó con dos goles: Edin Dzeko y Diego Perotti (de penal) le dieron vida al equipo de la capital italiana.

Se recuerda: en la ida de los cuartos de final, en el Camp Nou, el equipo de Eusebio Di Francesco perdió 4-1 con el Barcelona. En el Olímpico, lo dio vuelta. ¿Habrá otro milagro bajo el cielo romano? Con este Salah en el campo de juego será difícil.

«Es nuestro Messi», dijo Héctor Cuper, el entrenador que llevó a Los Faraones al Mundial por primera vez desde 1990, justo después del sorteo de diciembre, en el Kremlin de Moscú. Salah -Futbolista Africano del Año, en 2017- fue también el que convirtió el gol de la clasificación, de penal, en el quinto minuto de descuento ante Congo en el estadio Borg El Arab, en Alejandría.

Aquella vez, la celebración se extendió mucho más allá del amanecer del día siguiente. En El Cairo y en cada ciudad del Egipto de Salah. Allí donde desde paredes escritas con aerosol y folletos artesanales lo reclaman como presidente del país. En Liverpool la fiebre Mo también ofrece exageraciones: dicen que es el quinto Beatle. Aunque -cuentan- la primera vez que fue a The Cavern nadie lo reconoció…