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Los dos litros de agua diarios podrían ser más perjudiciales que saludables

La recomendación de beber los famosos dos litros de agua al día carece de base científica: entre la población general no existe un déficit de hidratación que justifique este consejo.

Ese trabajo de investigadores británicos, titulado “Beba al menos ocho vasos de agua”. ¿En serio? ¿Existe evidencia científica? prolongó durante más de 10 meses y llegó a algunas conclusiones:

 

No existe documentación científica seria que apoye la recomendación general o para todo el mundo sobre el presunto beneficio de beber ocho vasos o dos litros de agua al día.

Esa recomendación puede resultar excesiva para un adulto medio, sano, en un clima templado y con una vida sedentaria. En este contexto, dicho perfil sería el de aquella persona que realiza un trabajo de oficina durante la mayor parte del día, y que puede (o no) hacer un ejercicio moderado sin demasiada sudoración.

No solo no hay evidencia de que no se deba recomendar beber tanto, si no que dicha recomendación podría ser más perjudicial que beneficiosa si se tiene en cuenta el riesgo de una eventual hiponatremia (bajos niveles de sodio en sangre) potencialmente peligrosa. También hay que tener en cuenta el riesgo de frustración cuando alguien se siente culpable por no beber lo que dicen las supuestas ‘recomendaciones médicas’.

También hay ciertas situaciones en las que se deberían recomendar mayores cantidades de líquido que la mencionada. Ejemplos habituales serían las personas con cálculos renales y aquellas que realizan un esfuerzo físico extremo, en especial en ambientes cálidos.

Los orígenes del mito-consejo

El consejo de los famosos ocho vasos, dos litros o algo que se le parezca, derive de la interpretación sesgada que en 1945 se hizo de las recomendaciones halladas en la Food and Nutrition Board of the National Research Council (Junta del Consejo Nacional de Investigación de Alimentación y Nutrición) en las que se podía leer el texto siguiente:

 

“Una asignación de consumo diario de agua para un adulto podría establecerse en unos 2,5 litros de agua…”

 

Pero el texto de la Junta del Consejo Nacional de Investigación de Alimentación y Nutrición de aquel entonces no acababa aquí y a, pesar de que suele omitirse por completo, se continuaba afirmando que:

 

“… la mayor parte de esa cantidad está contenida en los alimentos que se consumen habitualmente”.

 

¿Entonces qué hacemos, cuánto bebemos al día?

 

En condiciones normales es tu sed, la sed de cada uno, la que ha de movernos hacia el agua para aplacarla. Y que no te cuenten milongas: has de beber solo por la sed, ni por el color de la orina (más o menos claro u oscuro), ni por aquello de adelantarte a beber antes de que aparezca la sed porque ya estarás deshidratado, mitos ambos perfectamente documentados con todo lujo de detalles en el primer artículo comentado en este escrito.

Eso sí, si tienes sed, bebe agua. Es posible que puedas encontrar otras bebidas que sirvan para mejorar tu balance hídrico cuando estás sediento, nadie lo pone en duda. Pero muchas de ellas llevan implícito un peaje negativo que jamás hallarás en el agua. Me refiero a las bebidas con calorías vacías en forma de refrescos, bebidas alcohólicas, bebidas energéticas o las –muchas veces mal llamadas o utilizadas– bebidas para deportistas. Más claro, eso.

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