Una sonrisa impagable

¡Los chicos felices! En El Rosal recibieron visitas y regalos

Voluntarios de la Fundación Alfarcito llegaron hasta el paraje quebradeño ubicado a 3.400 msnm para continuar con la obra del padre Chifri entre los cerros del Toro.

El Rosal es un paraje de difícil acceso en la Quebrada del Toro, a 3.400 metros sobre el nivel del mar, donde el padre Chifri dejó grandes legados intangibles a partir de la construcción de una capilla de adobe. Es increíble lo que edifica el amor al compás de las paredes que se elevan hacia el cielo… Los pobladores cansinos de El Rosal siempre comentan que después de esta obra nada fue igual. Todos pusieron sus manos en este templo que parece pintado entre los picos nevados de Chañi, Acay, Castilla y San Miguel, y aprendieron que la suma de voluntades puede construir lo imposible.

Así enseñaba este sacerdote sin par, el infinito Chifri, que duerme su sueño eterno desde 2011, sobre almohadas de adobe, entre sábanas de viento fresco.

Sin embargo, su obra perdura como su recuerdo; y fue tanta su siembra que los voluntarios de la Fundación Alfarcito que él mismo creó para llenar de oportunidades a la gente del Toro, no cesan de recorrer las 25 comunidades quebradeñas, tal como Chifri hubiera hecho.

Días pasados miembros de la Fundación compartieron una jornada especial con los vecinos de El Rosal, invitados por su delegado Hugo Gutiérrez. Organizaron con mucho cariño la visita y como nunca van con las manos vacías, llevaron juguetes, víveres y ropa para las familias, todo producto de las donaciones recibidas de los amigos de la Fundación a la que todos pueden sumar su esfuerzo de varias maneras, a través de página www.fundacio nalfarcito.org.ar.

«Las noticias sobre los caminos no eran alentadoras, las tormentas habían sido muy fuertes, produciendo algunos desmoronamientos y crecida de ríos. Al dejar la ruta 51 encontramos un corte producto de la crecida de un arroyo y el barro que impedía cruzar. Regresamos algunos kilómetros y nos metimos por las vías del tren, así pudimos sortear los inconvenientes que nos presentaba el camino. Nos obligamos a llegar de la forma que sea, porque saber que los niños nos estaban esperando con mucha ansiedad, era el motor que nos impulsaba a continuar la marcha», contó Carlos Figueroa, vocero de la Fundación. Continuó: «Llegamos a casa de Inocencia Lamas en San Bernardo de las Zorras, al vernos nos recibió con gran alegría y se sumo con nosotros.

Recorrimos la distancia que faltaba con cuidado al cruzar los lechos de los ríos. Al llegar a nuestro destino, los chicos que nos estaban esperando de muy temprano. Poco a poco se iban sumando las familias que venían caminando desde muy lejos, y ver eso es maravilloso».

«Compartimos el almuerzo que nos ofrecieron: unas deliciosas habas, queso, empanadas y asado de cordero. Luego jugamos con los niños y antes de retirarnos rezamos juntos en la capilla», contó Carlos y agregó: «El Nevado de Chañi nos advertía que era hora de regresar, una tormenta con rayos y truenos era la señal. El viaje fue muy tranquilo y nuestros corazones volvieron colmados de felicidad con esta misión cumplida».

 

 

Fuente: El Tribuno