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En Medellín, Francisco sigue su gira con una Misa ante 1.3 millones de personas

El Papa propone 3 actitudes para el discipulado

En su llegada a Medellín, la ciudad más católica de Colombia, el Papa Francisco celebró una multitudinaria Misa en el aeropuerto Enrique Olaya Herrera, donde propuso tres actitudes clave para vivir el discipulado: ir a lo esencial, renovarse e involucrarse.

Según cifras de las alcaldía de Medellín, asistieron 1.293.000 personas la Eucaristía que se celebró en el día de la fiesta de San Pedro Claver, un sacerdote y misionero jesuita español que entregó su vida para aliviar el sufrimiento de los esclavos en Cartagena.

Al inicio de la Misa el Papa pidió disculpa a los asistentes por el atraso de su llegada a causa de la lluvia y les dio gracias por “su paciencia, por su perseverancia y por su coraje”.

La celebración se enmarcó en la jornada “La vida cristiana como discipulado” y en su homilía, el Santo Padre subrayó 3 actitudes “que tenemos que plasmar en nuestra vida de discípulos”.

En primer lugar “ir a lo esencial”, es decir, “ir a lo profundo, a lo que cuenta y tiene valor para la vida”.

Advirtió que el discipulado no puede ser “un apego frío a normas y leyes”, tampoco “un cumplimiento de ciertos actos externos”, ni menos “puede ser motivado simplemente por una costumbre”.

El discipulado “la experiencia de la presencia amigable, viva y operante del Señor, un permanente aprendizaje por medio de la escucha de su Palabra”, explicó. Esa palabra “se nos impone en las necesidades concretas de nuestros hermanos”.

La segunda actitud es “renovarse”, no según el propio antojo sino guiados “por el Espíritu” y “sin apartarse de la esperanza transmitida por la Buena Noticia”.

“La renovación no nos debe dar miedo. La Iglesia siempre está en renovación”, la que “supone sacrificio y valentía, no para considerarse mejores o más pulcros, sino para responder mejor al llamado del Señor”, explicó.

La tercera actitud es “involucrarse, aunque para algunos eso parezca ensuciarse o mancharse”.

“Hoy a nosotros se nos pide crecer en arrojo, en un coraje evangélico que brota de saber que son muchos los que tienen hambre, hambre de Dios, ¡cuánta gente tiene hambre de Dios!, hambre de dignidad, porque han sido despojados”, dijo el Papa.

“Hermanos, la Iglesia no es una aduana, quiere las puertas abiertas porque el corazón de su Dios no está no solo abierto, sino traspasado por el amor que se hizo dolor”, expresó.

“La Iglesia no es nuestra, hermanos, es de Dios; Él es el dueño del templo y del sembrado; todos tienen cabida, todos son invitados a encontrar aquí y entre nosotros su alimento.”, sostuvo.