Salta

En la justicia provincial de Salta sigue funcionando el “amiguismo”

La sociedad se está cansando y hay un gran malestar. Gauffin, Mosman y Mariño fueron ternados para ser camaristas.

María Alejandra Gauffin y María Victoria Mosmann, las secretarias de la Cámara Civil señaladas como favoritas para los cargos de jueces concursados en ese tribunal, quedaron finalmente ternadas, tras recibir los puntajes más altos en las entrevistas.
Entre los 26 postulantes que se presentaron para los cinco cargos vacantes ellas corrieron con una clara ventaja, ya que conocían de antemano el fallo que se utilizó en el examen escrito el pasado 17 de febrero.
Aquella evaluación dio pie a una denuncia del diputado Carlos Zapata ante el Consejo de la Magistratura y a una acción de amparo interpuesta por una de las concursantes, Marcela Susana Von Fischer, ante la Justicia.
En ambas presentaciones se pidió anular el concurso por los privilegios advertidos. Sin embargo, ni el cuerpo elector ni la jueza que rechazó el amparo, Mónica Mudski, vieron nada irregular. Así avanzó otro concurso teñido de sospechas, como tantos otros que se definieron desde 2013 bajo condiciones reprochables.
El Tribuno había anticipado el pasado 16 de marzo que las ternas venían cantadas. Las entrevistas, que se realizaron el pasado jueves, le pusieron el broche. En esa instancia, Gauffín y Mosmann quedaron con las calificaciones más altas, con 23 puntos de 25 posibles.
En los últimos cuatro años, para cubrir cargos de jueces y fiscales el Ejecutivo escogió a los ternados con menor puntuación casi como regla general. Los fuertes cuestionamientos a la colonización de la Justicia con parientes y alfiles del poder llevó en 2015 a una modificación de reglas concursales. En el fondo, no obstante, poco o nada cambió. Los procesos selectivos siguen sin garantizar imparcialidad y transparencia, ante una sociedad cada vez más descreída de la Justicia.
Ahora, a juzgar por las ternas que se conocieron en las últimas horas, ni siquiera la regla de los menos puntuados será necesaria para imponer ante el Senado a las “elegidas”. Así llamaban en los pasillos de la ciudad judicial a las dos secretarias que, según Zapata y Von Fischer, conocían de antemano el fallo propuesto en la evaluación escrita del concurso.

Blanco sobre negro

Gauffin y Mossman son las actuales secretarias en la Sala III de la Cámara de Apelaciones Civil y Comercial, que el 24 de febrero de 2016 resolvió la causa “Cañete, Mariel Andrea vs. Sotelo, Isolina”. El mismo caso fue utilizado en el examen escrito que se tomó a los 26 aspirantes admitidos. Solo se cambiaron los nombres de las partes y sus domicilios.
Por obvias razones, las secretarias de la sala III obtuvieron altas calificaciones. Gauffín recibió 18 puntos -el máximo previsto por la reglamentación- y Mosmann obtuvo 15.
Desde meses antes, la desconfianza reinaba entre los postulantes. Los concursos para cubrir los cinco cargos de camaristas habían sido convocados el 16 de septiembre de 2016. Se invocó la necesidad de sumar un tercer juez a cada una de las salas, ya que con dos, como funcionan desde hace tres décadas, se complica la definición de los fallos con decisiones contradictorias.
El 11 de octubre, tras el cierre de las inscripciones, los cinco concursos reunieron a 39 aspirantes.
Solo un mes después, el 22 de noviembre, el Consejo decidió unificar la evaluación escrita para todos los postulantes. Antes de ese examen la medida se extendió también a las entrevistas.
Con ese esquema, Gauffin y Mosmann quedaron ternadas para las salas I y III, respectivamente.
Aún se desconoce con qué criterios el Consejo agrupó a los 15 mejores calificados en las cinco ternas que acaba de elevar al gobernador Juan Manuel Urtubey.
Parecería que optó por ubicar a los ternados con un criterio similar al que se emplea en las carreras automovilísticas para definir las series. Los cinco mejores encabezan las grillas de largada (en este caso las ternas) y el resto de las posiciones se ordenan con la misma secuencia. En este caso, la calificación más alta fue lograda por la letrada Magdalena Solá (74,20 puntos). Ella, en consecuencia, debería haber encabezado la terna para la Sala I. A ella, sin embargo, la pusieron en la terna de la Sala V. La lógica de distribución se aplicó en todos los demás casos, salvo en el suyo ¿Por qué? El Consejo debería aclararlo, porque Gauffín, de esa forma, quedó con un pie en la Sala I como ternada con mejor calificación, con 72,48 puntos, dos menos que Solá.

Otros cargos cantados en la Cámara

En septiembre de 2014, el gobernador eligió a Hebe Samsón y a Soledad Fiorillo como camaristas para las salas II y V, respectivamente.
Tres meses antes, El Tribuno había adelantado que se producirían esas designaciones en la Cámara de Apelaciones Civil y Comercial, como también la de Adriana Rodríguez Faraldo en la Sala I del mismo tribunal.
La nota de anticipo fue publicada con los concursos en pleno trámite. En los pasillos de la ciudad judicial era “vox populi” que esos cargos estaban reservados para ellas. Todo se confirmó meses después con los pliegos del Ejecutivo y los acuerdos del Senado.
Soledad Fiorillo, esposa del procurador general de la Provincia, Pablo López Viñals, asumió como camarista en la Sala V.
Hebe Samsón, hermana del juez de Corte Ernesto Samsón, y pareja de Guillermo Félix Díaz, otro juez del máximo tribunal que por entonces también presidía el Consejo de la Magistratura, fue posicionada como jueza de la Sala II.
Adriana Rodríguez Faraldo, esposa del secretario legislativo del Senado, Luis López Mirau, y madre del secretario de Planificación de la Provincia, Guillermo López Mirau, asumió como camarista en la Sala I.

El cuñado de Simón Padrós

En junio de 2014 este diario no solo había adelantado los cargos que ocuparían en la Cámara Civil y Comercial las juezas Hebe Samsón, Soledad Fiorillo y Adriana Rodríguez Faraldo.

También anticipó que la vacante de la Fiscalía de la Cámara Civil y Comercial sería ocupada por Ramiro Michel Cullen, cuñado del secretario general de la Gobernación, Ramiro Simón Padrós.

Fuentes bien informadas habían señalado a este diario que ese concurso había sido demorado durante más de un año para que Cullen pudiera cumplir los requisitos para asegurar el cargo.

¿Para qué, entonces, los concursos? Esto se preguntó María Silvia de la Zerda, una secretaria de la Sala Primera de la Cámara Civil y Comercial, al renunciar a su postulación para jueza de la Sala V por “cansancio moral”.

Otros concursos también tuvieron, por el mismo motivo, renunciamietos masivos de aspirantes inscriptos.

Bajo ese clima, en agosto de 2014 la defensora oficial Nº 4, Natalia Buira, pidió al Consejo de la Magistratura la suspensión de todos los concursos hasta tanto se garantizaran procesos transparentes.

El requerimiento de la defensora civil fue desoído y hoy, por lo visto, aquellos planteos siguen teniendo tanta vigencia como entonces.

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