Espectáculos

Alien: El origen del monstruo

Ridley Scott, su director, cuenta qué lo decidió a filmar la saga del octavo pasajero. La distinción entre arte y negocio.

En el 79, cuando estaba filmando “Alien”, ¿se imaginó que casi 40 años después todavía estaríamos hablando de ese mundo?

No, para nada. Ni pensé que estaría filmando. Todavía estoy haciendo películas: soy un privilegiado.

Este año cumple 80…

Nunca pienso en eso.

¿Cómo mantiene el entusiasmo?

-Es natural. Es parte de mi adn.

En 1977, Ridley Scott tuvo un gran debut con Los duelistas, un drama de época basado en un cuento de Joseph Conrad y protagonizado por Harvey Keitel y Keith Carradine. Dos años más tarde llegaba la primera de sus obras maestras: Alien, el octavo pasajero, que cambió el terror y las películas del espacio para siempre. Aunque la idea madre, repite Scott cada vez que se toca el tema, era clásica: “Siempre pensé en alien como en una película clase B muy bien hecha. El subtexto era bastante básico: siete personas encerradas en la vieja y oscura casona, viendo quién va a morir primero y quién va a sobrevivir”.

En 1982, el sacudón fue para la ciencia ficción: con Blade Runner, Scott grabó definitivamente su nombre en el bronce de los directores más influyentes de la historia. Desde entonces, esas dos icónicas genialidades fueron copiadas una y otra vez. Alien tuvo tres secuelas y un par de hijos bastardos (las dos Alien vs. Predator), pero su padre resistió a la tentación de volver a jugar con su criatura hasta 2012, con Prometeo, que transcurre antes de los sucesos de Alien.

“Siempre trato de no repetirme a mí mismo. Probablemente esa es la razón por la que siempre evité hacer secuelas: de alguna manera, naturalmente vas a tender a repetirte”, dice. “Pero con Prometeo sentí que estábamos en terreno seguro, porque nadie se había preguntado quién había creado al monstruo, por qué, con qué propósito. Entonces, Prometeo empezó a responder esas preguntas, que deberían haber sido formuladas en las otras películas”.

Hay un dejo maligno en su mención de Aliens, el regreso; Alien 3 y Alien: Resurrección, pero cuando se le pide una opinión sobre los hermanos de su bebé, es bastante benévolo: “Están bastante bien. Pero es difícil continuar algo así. Cuando la criatura era nueva y estaba fresca, era más shockeante. Es quizá uno de los mejores monstruos en la historia del cine. Es fundamental. Pero cuando hacés una parte 2, y una 3 y una 4, es difícil que siga dando tanto miedo, porque ya te resulta familiar. Lo mostraron demasiado seguido”.

Por eso, en Prometeo el xenomorfo (tal la denominación que se le dio al engendro mortífero) no apareció. “Sentía que el alien ya había sido demasiado recalentado. Y Prometeo tuvo una muy buena recepción, pero algunos sugirieron que había sido frustrante para los fans que no hubiera alien. Entonces recogí esa sugerencia: ya estábamos escribiendo Alien: Covenant y a partir de entonces empezamos a incluir otra vez al monstruo”.

El cambio alcanzó también al nombre de la película. Al parecer, Prometeo fue un poco confuso en cuanto a su vínculo con la saga: algún genio del marketing se dio cuenta de que para exprimir a fondo la marca, la palabra “alien” debería haber estado en el título. Por eso, Alien: Covenant se llama así, sin dejar lugar a dudas.

La película transcurre diez años después de Prometeo. La nave Covenant -una palabra con reminiscencias bíblicas, que remite a la alianza entre Dios y el hombre- se dirige a una colonia espacial, pero su trayecto se ve interrumpido por una tormenta solar. Mientras efectúa las reparaciones de rigor, la tripulación capta una señal, posiblemente humana, emitida desde otro planeta, mucho más cercano, y entonces decide cambiar de rumbo e ir a explorarlo. Ahí se encuentra con algunas sorpresas desagradables.

El plan original de Scott era que Prometeo se convirtiera en una saga en sí misma, con cinco títulos en total, que terminarían explicando los hechos de Alien, el octavo pasajero, pero ahora piensa que sólo filmará una o dos más. Scott está lejos de renegar de las franquicias, esa maquinaria de facturación a la que los grandes estudios se aferran con cada vez más fuerza. Es más: el director, que además fue productor o productor ejecutivo de más de un centenar de filmes y series, se define como empresario: “No me considero un artista”.

Y desarrolla: “El negocio es el negocio. La cuestión es siempre comercio vs. arte. O comercio y arte, quizá sea una mejor manera de expresarlo, porque en lo que hacemos siempre hay arte involucrado, aunque sea en el departamento de vestuario o de maquillaje. Así que los estudios tienen que pensar en cómo evoluciona su negocio, como cualquier otro negocio. Hacer una secuela es difícil: la mayoría no son muy buenas. Y la siguiente es aun peor, y así sucesivamente, así que es una ganancia menguante. Pero empezar de nuevo, como hice con Prometeo, que era tan diferente, fue un buen comienzo, fresco”.

La continuidad más obvia entre Prometeo y esta nueva película la marca David, el androide villano que aquí se encuentra con Walter, su versión mejorada, diseñado para servir a los humanos sin que su ambición se interponga. Michael Fassbender interpreta los dos papeles: “No fue tan difícil. David tiene características humanas en su programación, mientras que Walter no. Esa es la principal diferencia entre ambos. David es un personaje muy teatral, bastante expresivo y extravagante, y Walter es neutral, como un lienzo en blanco. Es una máquina procesadora lógica con apariencia humana. El guión decía que los prototipos con características humanas perturbaban a la gente, entonces hicieron a los modelos siguientes sin esas habilidades”.

Pero en las Alien siempre hay un personaje femenino fuerte. En las primeras cuatro fue Sigourney Weaver (iba a protagonizar una quinta, pero Scott acaba de descartar ese proyecto, del que iba a ser productor, con Neill Blomkamp en la dirección), como la emblemática teniente Ellen Ripley. En Prometeo le tocó a Noomi Rapace, que hizo de la científica Elizabeth Shaw. Ahora es el turno de la ascendente Katherine Waterston, famosa por Animales fantásticos y dónde encontrarlos. Aquí ella es Daniels, una de las tripulantes de Covenant, y admite que sus antecesoras en la saga fueron una influencia, pero hasta cierto punto: “Las tuve en mente, pero no volví a ver sus trabajos como para copiarlas o diferenciarme. Tenía el guión, y lo trabajé como lo hubiera hecho en cualquier otro filme, más allá de la saga. La idea era contar esta nueva historia y no llevarme por lo que ya había sido contado”.

Los capítulos de la saga

Alien, el octavo pasajero (1979): El inicio de todo, un antes y un después para el cine de terror y del espacio.

Aliens, el regreso (1986): James Cameron dirigió esta festejada secuela, que transcurre 57 años después de la original.

Alien 3 (1992): Los productores le hicieron cambios al filme de David Fincher, que resultó flojo.

Alien: Resurrección (1997): En la 3 había muerto, pero Ripley vuelve como clon. Dirigió el francés Jean-Pierre Jeunet.

Prometeo (2012): Ridley Scott vuelve a su criatura con esta precuela en la que no aparece el alien.

Alien vs Depredador (2004): Paul W. S. Anderson dirigió este engendro que tuvo una secuela en 2007.

Fuente: Clarin

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