Día del Niño: ¿Qué querés ser cuando seas grande?

Pese al avance de la tecnología, los nativos digitales fantasean con oficios tradicionales. Bombero, astronauta, veterinario, maestra y futbolista son las profesiones más elegidas.

 

¿Quién no fantaseó de chico qué oficio tendría de grande? En pleno siglo 21, rodeados de pantallas y dispositivos ultramodernos, se podría inferir, con mucho de prejuicio, que los niños se imaginan siendo parte de un futuro tecno. Pero no es así. Un relevamiento entre nenes y nenas de 4 y 12 años de todo el país revela que ellos se inclinan por las profesiones de siempre. Son las mismas que podrían haber elegido sus padres años atrás, cuando el mundo actual era fruto de la imaginación de los autores de ciencia ficción. Veterinario, astronauta, padre o madre y bailarina son las opciones más elegidas. Les siguen maestra, jugador de fútbol, músico, policía y bombero. Más atrás quedaron arquitecto, pastelero, periodista y basquetbolista. Pocos rompieron el molde y se vieron como futuros programadores de juegos.

Día del Niño: ellos sueñan con lo mismo que deseaban sus padres

Bombero, veterinaria, astronauta y futbolista, entre las profesiones más soñadas por los chicos. Foto: Ariel Grinberg

“Las respuestas fueron tradicionales. Nosotros esperábamos algo más disruptivo por parte de los chicos”, se asombra Pablo Liotti, gerente de marketing y comunicación de Adecco Argentina, la consultora que realizó la encuesta. Aunque la tecnología es parte de la vida de estos chicos es llamativa su ausencia al imaginar un futuro. “Solo hubo un caso aislado que quiere trabajar en la empresa PlayStation”, contó Liotti.

Cuatro chicos se imaginaron como adultos. “Me veo diseñando casas: me gusta armar cosas”, dice Dante Bellucci (8), que sueña con ser arquitecto desde que juega al Minecraft. “Científico. Hice un experimento en la escuela con ramas y piedras y me gustó”, apunta Lautaro López (8). “Cantante o dibujante”, lanza sin timidez Mora Estigarribia (8) y su mamá asiente: “La veo con una veta artística”.

¿Cuánto hay de fantasía y cuánto de pronóstico certero? “La investigadora Martha Glanzer explica que en los juegos se puede observar una vocación anticipada. Entonces, las fantasías de los chicos, si son recurrentes y tienen una correlación con su acción lúdica, permiten decir: ‘Bueno, acá se está gestando algo’”, advierte Alejandra Rabuini, consultora e investigadora en medios audiovisuales para la infancia. Por ejemplo, las profesiones relacionadas con lo terapéutico están asociadas a los juegos que tienen que ver con la reparación.

Para Rabuini, dentro de la amplia franja etaria que abarcó el estudio, habría que diferenciar dos etapas: la primera y la segunda infancia: “Entre los 4 y los 8 hay un tipo de respuesta. Se van a identificar más con aquellas profesiones que están relacionadas con lo que conocen, con el entorno más cercano. La franja de 9 a 12 es la puerta de entrada a la pubertad y empieza a haber otra apertura hacia el mundo. Hay una gran diferencia en las elecciones”.

De tanto escribir en el pizarrón, Mía Prevignano (7) definió su vocación: maestra de primaria. “Si no tengo juguetes, hago que mis alumnos son imaginarios. Si no, los imagino para no tener que ordenar después las muñecas”, comparte. Leia Nari (5) quiere ser “doctora de perros” y cuenta que su juguete favorito es “una valijita con tijerita, inyección, telescopio (por el estetoscopio) y curitas”.

Al hablar sobre objetos lúdicos, hace tiempo se abrió el debate sobre los estereotipos de género aún presentes en las clasificaciones para “nene” y “nena” o en los envases “rosa” y “celeste”. Rabuini fue clara: “Los juguetes no tienen sexo, no tienen género. Por suerte, los entornos de los chicos no son sólo los padres. Por ahí un papá no le regala al chico una muñeca, pero él puede jugar con eso en otro lugar, como la escuela o la casa de un amigo”, señala y les sugiere a los padres permitirles la exploración de juegos, sin “encasillar” a los hijos.

“Es imposible pensar el campo de las profesiones como algo ajeno a lo social”, sostiene Pablo De Grande, especialista en Sociología de la Infancia e investigador asistente del Conicet. “Los chicos se acercan a ellas a partir de sus experiencias. Algo entra en el espacio de lo posible porque lo han visto en un comercio del barrio, o porque la mamá, un tío o su vecino trabajan en eso, o por ver en la escuela, en un libro o en una película cosas que les gustan”, agrega.

Para el sociólogo, es clave distinguir el origen. “Si conversamos con chicos en Cachi, Choele Choel, Mar del Plata o Buenos Aires, veremos fantasías diversas de lo que podrían ser en sus vidas adultas”, precisa. Y concluye: “El futuro es, a la vez, lo presente y lo imaginado. Combinar y encontrar algo distinto. Con la impronta de lo legítimo y de lo deseado, la creatividad forma cosas nuevas”.

Fuente: Vanesa López-Clarín

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