Un ejemplo

Carmen, la abogada de los animales

Carmen Céspedes Cartagena es proteccionista. Una vida con un sinfín de rescates.

«Gringo», un perrito mestizo de pelaje blanco, marrón y ojos café mueve su cola y salta hacia la falda de su dueña, Carmen Céspedes Cartagena. La lambe y hasta la «abraza». Posan contentos para una foto de El Tribuno en su hogar en Villa Soledad.

«Gringo» fue abandonado en el monumento Gemes hace tres años, pero luego fue rescatado. Ahora es uno de los tres perros de la mujer, quien es abogada, proteccionista y activista. Tiene 39 años y cuenta que sintió amor por los animales desde niña. Está casada y tiene hijos pequeños.

«Uno de los primeros recuerdos que tengo con respecto a querer defender a los animales es de cuando tenía ocho años y veía pasar el camión de la perrera. Yo salía corriendo de mi casa y me trepaba sobre el camión porque enlazaban los perritos y yo no quería que se los lleven. Como mis papás tenían un almacén, veían que yo salía desesperada por la puerta e iban detrás mío. Me bajaban a los tirones. Yo lloraba», contó.

Cursó sus estudios primarios en la escuela de Villa Las Rosas. Sus padres, Miguel y Dolores, comerciantes, también aman a los animales.

«Una vez una perrita de mi papá mordió a un vecino. Hubo una denuncia y la trasladaron a Zoonosis, la perrera. Yo tenía 11 años y le llevaba todos los días la vianda de comida. Mis padres no podían por el trabajo. Mi mamá me había indicado bien el camino. Era cerca y además podía ir sola porque eran otras épocas y no pasaba nada», recordó Céspedes Cartagena.

Cuando entró al lugar por primera vez «había llevado una sola vianda y había muchísimos animales encerrados, alborotados. Le di de comer a mi perrita y empece a darle a los que pude, un poquito a cada uno. Los días siguientes aprendí a cocinar, entonces ya iba con una bolsa de mercado llena de comida. Así empece ayudando a los animales del barrio, a los que encontraba abandonados en la calle».

Los casos

A los 18 años Carmen se mudó a Tucumán para estudiar abogacía en la universidad nacional. Se graduó y trabajó durante 12 años en esa provincia. Regresó a la capital salteña en 2011. Un año después ocurría el caso «Dardo», un perro callejero que resultó con su mandíbula destrozada a causa de un petardo encendido por alumnas de un colegio en la plaza 9 de Julio

«En ese momento conocí a quienes son mis compañeros de lucha hoy. Yo ya estaba moviéndome en el ambiente animalista porque sobre la avenida Artigas habían puesto un circo y se estaba tratando en la Legislatura la Ley 7.761 de circo sin animales y habíamos hecho una manifestación. Lo principal en esta lucha es ser clara e ir con la verdad siempre», sostuvo.

La letrada es miembro del Instituto de Derecho Animal del Colegio de Abogados de Salta, que está conformado por unos 15 abogados.

Otro caso emblemático en el que participó es el de los «carreros». «Fue una lucha muy grande. Nunca olvidaré una marcha muy linda que hicimos en junio de 2015, donde nos unimos todos los proteccionistas», expresó.

Tras idas y vueltas y numerosos conflictos, «el 4 de febrero de 2017 el intendente nos llamó y junto a varias ONG nos reunimos con él. Nos prometió que el 4 de agosto de ese año se terminaba la tracción a sangre equina y así fue».

La abogada considera que los caballos deben vivir en libertad. «No deben ser considerados como objetos, cosas. Son seres vivos y sintientes que deben ser tratados dignamente», recalcó.

Por ese motivo, junto con sus colegas del Instituto y la ONG Pas se ocupan desde junio de 2018 de solicitar la entrega de los caballos que están alojados en el predio de Caballería de la Policía de Salta y que llegan por contravenciones, en casi todos los casos en mal estado, para que sean adoptados por personas que les den libertad y no los ocupen con otros fines. Para esto confeccionaron un padrón de postulantes.

Los equinos iban a ser rematados en julio del año pasado, pero el Instituto de Derecho Animal hizo una presentación ante la Corte de Justicia de Salta y lograron una acordada que establecía que los animales no iban a ser rematados sino entregados a las ONG que los pidan. Hasta el momento fueron entregados unos 34 caballos. «Ahora justamente liberamos tres caballitos en una finca en la zona de Quijano», dijo Carmen, con satisfacción.

La letrada no solo se dedica al derecho animal asesorando gratuitamente a organizaciones, sino también al derecho penal, pero siempre se sitúa del lado de la víctima. Interviene en el caso de la joven de 18 años que fue violada y abandonada en un descampado entre los barrios Santa Ana III y Juan Pablo II. «Defender a los seres vulnerables que lo necesitan es algo que me nace por convicción y no es solo con los animales, sino en general. Si veo un niño, un anciano, me meto. En los casos de violencia hacia la mujer elijo ponerme del lado de la víctima. Defiendo a quien mi corazón me lo diga. Mis padres trabajaron para darme todo y siento que le debo algo al mundo. Quiero aportar a la sociedad. No me quiero quedar quieta ante las injusticias», finalizó.

Fuente: ElTribuno

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