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Aseguran que en la frontera venden niños bolivianos a $5300

Una investigación de FOPEA reveló datos desgarradores del flagelo de la trata de personas en la frontera argentino boliviana.

“Una niña, un niño o un adolescente boliviano se vende ni bien cruza la frontera a 5.300 pesos argentinos, es decir, unos 2.300 pesos bolivianos”, aseguró Jorge Oporto Ordoñez, ex Defensor Departamental de Potosí.

 

Por tercer año consecutivo, en el marco del Proyecto La Otra Trama, el Foro de Periodismo Argentino (FOPEA) publica investigaciones periodísticas independientes. El primer trabajo de este año es la investigación Los invisibles de La Quiaca, referida a la trata y tráfico de personas en la frontera argentino boliviana, realizada por Diego Granda (socio de FOPEA y periodista de La Nación).

 

Ordoñez hace referencia al punto fronterizo de La Quiaca, la ciudad jujeña que limita con Villazón en Potosí (Bolivia), como el epicentro de lo que se presume es un sistema de trata y tráfico de personas.

 

Por allí, en el paso a Villazón, transitan, en forma irregular, unos 900 menores de edad por día. A sólo medio kilómetro del paso internacional, hay una calle, sin controles, por donde también se puede traspasar la frontera.

 

El exdefensor del Pueblo añadió que por informes se explica que “durante 2010 pasaron por la frontera 25 mil niños y jóvenes, de los cuales, solo retornaron 7 mil al país”.

 

La cifra es escalofriante si se toma en cuenta que en este tiempo, unos 18 mil niños y niñas bolivianos podrían estar trabajando en campos y talleres clandestinos en la Argentina, mientras que otros podrían haber tenido como destino la explotación sexual.

 

Con cifras de la ONG Esclavitud Cero cuenta, a partir de denuncias recibidas, que niñas bolivianas de 12 a 13 años son ofrecidas para todo servicio en la Argentina, a 2500 dólares al año. “Se pagan 1.250 dólares al ser entregadas y 1.250 dólares al cumplirse el año de trabajo. Las niñas trabajan sin horarios, no se les permite salir, viven en pésimas condiciones y también son abusadas sexualmente.

 

“Es delicado investigar la trata, porque tiene células criminales itinerantes que fluctúan empleando los mismos recursos para cometer varios delitos. Todos se manejan en un mismo plano, de manera que no hay líderes ni referentes. La mayoría son clanes”, confía un gendarme quiaqueño que pide e insiste por su anonimato.

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