Espectáculos

El padre en el posparto: su rol es fundamental, pero está silenciado

El licenciado Mauricio Strugo, especialista en vínculos, opina sobre el lugar de los papás en el puerperio, la revolución hormonal y los cambios de paradigmas.

El posparto: ese cocktail confuso y fatal de necesidad, cansancio, amor, y ¡hormonas!

Las mujeres sufren estados de ánimo cambiantes; y sería un error entrar en una pulseada pensando que todo se debe al mundo psíquico. Sabemos a esta altura que en el embarazo, y cuando nace un niño, intervienen muchísimas hormonas, algunas aumentan otras disminuyen y como consecuencia, ocurren modificaciones en sus maneras de estar y de sentir que pueden cambiar minuto a minuto.

Teniendo esta información se ha podido teorizar y entender el puerperio: el mismo trasciende lo fisiológico, implica también lo psicológico y su tiempo de duración va más allá de los cuarenta días. Con toda esta información se han escrito libros, papers, pero siguen habiendo muchísimos conflictos en relación a cómo acompañar este proceso.

Mea culpa

Lo primero que tenemos que hacer todos (sobre todo los padres) es dejar de caer en el facilismo de acusar a la otra parte de “loca”. Decir que nuestra pareja se volvió loca es un absoluto prejuicio basado en la desinformación. Desde ese lugar, más que acompañar, vamos exacerbar la sensación soledad.

Para esto, el remedio es una buena previa. ¿Cómo? Es importante que las parejas puedan conversar antes del nacimiento del bebé acerca de las expectativas y de aquellas cosas que los atemorizan, para así generar una red que pueda contener todos los cambios normales (pero fuertes) que implica dejar de ser una pareja para pasar a ser una familia.

Las mujeres culturalmente tienen más permiso para “hablar de lo que sienten”, por favor, la idea es que puedan entender que lo que no se habla se actúa, que lo no dicho queda guardado como la pus (en algún momento sale para afuera). Y es muy doloroso, sobre todo para ese pequeño que no tiene la capacidad de entender qué sucede con sus cuidadores pero percibe toda la situación como una amenaza. ¿Entonces? Hablen, conversen ambos, cuenten lo que les pasa, comuniquen sus emociones para que, aunque haya momentos críticos, puedan salir airosos.

El doble comando

Me resulta una pena que, a esta altura, tengamos que seguir insistiendo sobre la importancia de ambos padres como cimientos de una estructura familiar, y esto aplica tanto para familias heterosexuales como para estructuras de dos mamás o dos papás.

Siempre que exista alguien dispuesto a ser parte de ese gran desafío de criar a los hijos, ¿cómo no darle lugar? ¿Nunca pensaron por qué en los aviones de larga distancia existe un doble comando? Tiene que ver con que así es más seguro, hay dos personas que pueden hacerse cargo responsablemente de llevar a cabo la tarea de transportar a esos pasajeros. Lo mismo ocurre con una familia.

Si somos dos alternándonos, entre piloto y copiloto, habrá mayor posibilidad de tener vuelos placenteros, incluso cuando la meteorología no sea la mejor. Si bien es un desafío enorme y muchas veces un gran foco de conflicto tener que consensuar rutas, cuando la decisión es conjunta, habrá un crecimiento muy grande.

Hasta hace algunos años atrás, el parto no era algo que tuviera que ver con el padre, él tenía que quedarse en el café de la esquina esperando ansioso, fumado incontables atados de cigarrillos. Por boca de su suegra generalmente se enteraría, primero, si su mujer había sobrevivido y luego si había tenido un niño o una niña. Tampoco -en aquella época- las mujeres tenían un rol protagónico en su forma de parir, muchas veces las anestesiaban, un poquitito demás, y recién cuando despertaban se encontraban con sus hijos.

Por suerte esto cambió. Las mujeres se están empoderando en el parto y la crianza, buscando formas alternativas y propias.

Guardianes del amor

Los hombres tenemos la posibilidad de estar en la sala de partos acompañando para sellar un pacto indisoluble con ellas, pero sobre todo con nuestros hijos, cruzando las primeras miradas, apoyando a las madres leonas para que se encuentren con sus cachorros, siendo guardianes en esta situación.

Estamos trascendiendo el rol tan enquistado de que el hombre lo único que tiene que hacer por sus hijos es “trabajar”, y está exento o excluido de todo lo demás, nos comprometemos a sostener y a estar de muchas maneras.

Como todo paradigma nuevo, hasta que se produce el cambio siempre hay resistencia y oposición. Hay muchos que siguen pensando que criar hijos es cosa de madres y que no se tienen que meter. Esta postura genera conflictos que hieren gravemente a las parejas, y peor aún, a nuestros hijos.

Esto aplica a la familia heteroparental, formada por una pareja de hombre y mujer, a una familia homoparental, formada por dos personas del mismo sexo (hombres o mujeres) e incluso para una familia monoparental, con un adulto como responsable por elección o circunstancia.

Celebro ver paternidades más presentes en las reuniones de sus hijos, en las plazas y en todas las actividades. Aunque tengamos que hacer maratones para sostener obligaciones laborales y poder estar presentes en la vida familiar, veremos el resultado con hijos que, pese a vivir en un mundo lleno de aparatos con propuestas tentadoras, siguen eligiendo compartir tiempo con sus padres y hermanos, que disfrutan mucho de hablar y se sienten seguros de poder compartirnos sus dudas y temores.

No se trata de pelear por ocupar el lugar principal de la marquesina en cuanto a quién es más importante. Que cada uno realice sus aportes, trascendiendo los modelos clásicos de mamá y papá, para dar lugar a todas las combinaciones posibles, para complementarnos a través de las diferencias y ofrecer recursos desde el amor incondicional. Esa es la vacuna más poderosa para vivir en una sociedad menos violenta y más igualitaria.

Fuente: LaNación

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